Entre los elementos característicos de la obra de Gonzalo Torrente Ballester aparece un juego constante respecto a la identidad. Siguiendo la pauta esbozada por el título de su novela Yo no soy yo, evidentemente, todas la obras de Torrente (tanto las piezas de teatro como las novelas y los cuentos) ponen en tela de juicio a todos los cimientos que han permitido a la civilización occidental construir su identidad a lo largo de su historia.

Torrente Ballester reescribe los mitos clásicos: el de Ulises en El Retorno de Ulises, el de “Ifigenia” en su relato epónimo. También vuelve sobre algunos más modernos como el de Don Juan o de Napoleón en La Isla de los jacintos cortados: según el narrador de la novela, ¡jamás existió Napoleón! De este modo, don Gonzalo cultiva una dialéctica permanente entre mitificación y desmitificación.

La identidad personal, tal como la definió el psicoanálisis desde Freud, sigue también ese juego de perpetuas variaciones: identidad multiplicada o desdoblada, intercambios de personalidad son los motivos que encontramos de modo recurrente en novelas como Yo no soy yo, evidentemente, La saga / fuga de J.B. o Fragmentos de Apocalipsis.

La identidad narrativa también obedece a dicha manipulación. Torrente utiliza de modo renovado y muy personal los géneros narrativos y teatrales tradicionales (auto sacramental, novela policíaca, novela epistolar…), y así transforma los cánones que rigen cada uno de los géneros considerados. De la autobiografía tradicional, por ejemplo, pasa a la autobiografía fantástica en Dafne y ensueños y así otorga a la realidad imaginaria soñada por el niño el mismo grado de realidad que al de las vivencias infantiles concretas. En La saga / fuga de J.B. nos cuenta la historia de Castroforte de Baralla, un narrador único que viste sucesivamente varias personas gramaticales y así representa un desafío a los hitos tradicionales del relato. Convidando al lector a que juegue con él al juego de la ficción literaria, Torrente trastorna constantemente los puntos de referencia de la narración.

En resumidas cuentas, en la obra del escritor gallego impera lo incierto: el tiempo, el espacio, la Historia, los mitos, la identidad personal y la narración se vuelven signos de alteridad.

El planteamiento de este libro considera la producción literaria de Gonzalo Torrente Ballester en tanto que aparece relativa a un momento dado de la Historia, momento en el cual el hombre busca unos puntos de referencia y apoyo que se le escapan, en el que las referencias definitorias e integrantes de la identidad no son sino un intercambio perpetuo, una mutación casi biológica: los signos no remiten más que a otros signos en un flujo de nunca acabar. Se intenta saber si en esa circunstancia específica la obra de Gonzalo Torrente Ballester puede seguir afirmando el sentido de una identidad histórica, sociológica, filosófica, ética…, o si, al contrario, su obra construye la representación de una constante alteridad / alteración que traduce una profunda inquietud filosófica respecto al Ser: Soi-même comme un autre, para recurrir a la dialéctica del filósofo Paul Ricoeur. ¿Las estrategias de escritura de Torrente Ballester abren paso a una nueva representación del mundo, a una visión individual, generacional o a un mero juego literario?

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